

En las mañanas del 13 y 14, festividad de San Vicente y del Santo Cristo, los danzantes comienzan su actuación interpretando el baile de “La Cardelina” en los respectivos desfiles procesionales, posteriormente, tras la Misa y en la Plaza Mayor realizan estos mismos días sus principales actuaciones:
Como última actuación de los Danzantes, a las tres de la tarde del día 14 salen en la tradicional “Pllega” en la que los danzantes acompañan a los miembros de la Cofradía del Santo Cristo en su recogida de donaciones, y reparto de los tradicionales “cordonézs”, interpretando el baile de los palitroques o “Amadruga” por las calles de la Villa.

Fuera ya del Dance propiamente dicho, pero como pieza clave de nuestro patrimonio folclórico-cultural, las Albadas rompen el silencio de la madrugada del día 15 de Septiembre. Parece que su origen se remonta a la época de la dominación musulmana de la zona y cuenta la leyenda que fue un moro en sus rondas de amor alrededor de la Casa de Torquemada donde habitaba una tal María, su amada, quien primero cantó estas coplas, de ahí uno de los estribillos que se repite tras cada una de ellas:
“Adiós Marieta del alma
que me voy a mi retiro
y mañana me hallarás
de tus amores cautivo...”
La gaita de boto aragonesa acompaña a estos cantos de temática fundamentalmente amorosa. Es sencillamente espectacular ver como cientos de personas guardan silencio por las viejas calles de la Villa hasta que llega el momento de cantar la parte coral de cada una de las Albadas.
Es necesario destacar que la mayoría de los hijos de la villa, han participado alguna vez o participan en actuaciones del Grupo de Dances y Albadas.
Ricardo del Arco en su libro “Notas del folklore aragonés” publicado en 1943, y en relación con el dance grausino dice: “… Ya en el siglo XV había variedad de fiestas profanas, y entonces danzaban los jóvenes al compás del tambor, iluminando la danza una colosal hoguera que encendían en la Plaza Mayor. En 1.600 era ejecutada la danza con aditamento de trompa tocada por un especialista de la villa de Luzás. En los últimos años del siglo XVI ejecutaban los danzantes diversidad de alegres y animados cuadros, bailando y tomando parte en el dance las mejores mozas de Graus. La música era de tambor, la trompa de Luzás y una gaita del pueblo de Azués. Un siglo después, se introdujo en el dance el vistoso baile denominado de “sayas” en el que formaban 22 parejas, de jóvenes de ambos sexos, con sus dos repatanes y dos repatanas. Tenía lugar a las tres de la tarde en la Plaza Mayor y era presenciado por numeroso público de la comarca. Ya se celebraba la “Mojiganga”, pero solamente el dance. Poco después vinieron los tres gaiteros, hasta la actualidad. También colocaron al “volteador”, “bulquiador” o “furtaperas”. En el siglo XVIII se trajeron comediantes y cabezudos. En 1876 fue introducido en el dance el Baile de las Cintas, por el gradense D. Vicente Mur.”

El Dance grausino, especialmente el de “Espadas”, se encuentra entre las manifestaciones folclóricas más antiguas de España. Todas de carácter guerrero como la “expata-dantxa” de Euskadi, el “dance de espadas” de Graus y otras poblaciones de Ribagorza y el “contrapás” y “contrapás llarch”, de Cataluña. Se les atribuye origen ibérico y para la región catalana ascendencia griega. De las antiguas danzas de espadas que antaño afloraron por toda Ribagorza, solamente esta de Graus se mantiene viva calculándose como mínimo unos dos mil años de historia.
A pesar de que en los últimos años nuestras fiestas se han ampliado para dar cabida a nuevos actos, el núcleo de estas fiestas, que sin duda las ha convertido de “Interés Turístico Nacional”, son los actos tradicionales. Y en ellos el dance es protagonista en prácticamente todos.
Eltradicional inicio de las Fiestas es el acto de recepción de los gaiteros, que al atardecer del día 12 congrega en torno al viejo puente románico “de abajo” a toda la población. En el se rememora la llegada, en víspera de las Fiestas, de aquellos “Gaiteros de Caserras” que habían de acompañar a los Danzantes en las actuaciones del 13 y 14.
Aunque desde principios de siglo XX los gaiteros son de Graus, cada 12 de septiembre se repite esta recepción, el desfile por las calles de Barrichos y el canto de las dos primeras Albadas, todo ello acompañado del estruendo de los trabucos. Y constituye, sin duda, uno de los actos más emotivos del año grausino. Después vendrá la ronda a las autoridades al son de las gaitas.
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